LA RESILIENCIA A LA LUZ DEL CONTEXTO DE PANDEMIA


Lic. Giuliana Causarano MP 1.268
Lic. En Psicología

El concepto de resiliencia proviene del latín, “Resilio” que significa rebotar o dar un salto. Este termino fue utilizado en la física para describir aquellos materiales que pueden recuperar su forma, tal como una goma elástica, cuando se estira regresa a su estado natural.

En el año 1972, Michael Rutter extrapola este concepto en las ciencias sociales, aunque no con el sentido que hoy entendemos.  

Actualmente en psicología, cuando hablamos de resiliencia nos referimos a la capacidad humana de sobreponerse a la adversidad, pudiendo no solo recuperar “el estado inicial” sino saliendo fortalecido a través de un nuevo aprendizaje o con nuevas habilidades.

Si pensamos en el contexto de pandemia por COVID 19, nos encontramos ante un escenario de adversidad: empresas cerrando sus puertas, personas que no pudieron regresar a sus hogares, problemáticas de salud e inaccesibilidad de atención, entre otras tantas situaciones.

A diario, escuchamos frases como: “no sé cómo saldremos de esto”, “cuanto durara”, “hay familias que no podrán recuperarse”. Son ideas que surgen desde un paradigma, limitante de la capacidad humana.

Es por ello, que los invito a reflexionar sobre tantas personas que, viviendo situaciones realmente difíciles, han podido seguir con sus vidas, demostrando habilidades de adaptación, deseos de cambio, de superación y una apuesta hacia el futuro.

¿Qué puede ayudarnos a sobreponernos ante las adversidades? ¿Cómo nos hacemos “resilientes”?

La resiliencia no es un bien que se posee, sino una capacidad humana. Como tal podemos desarrollarla, implica un interjuego de pensamientos, comportamientos y emociones.

Algunas sugerencias para desarrollar resiliencia:

  • Establecer buenas relaciones interpersonales, puesto que el apoyo emocional es necesario para favorecer pensamientos positivos.
  • Aceptar la realidad y comprender que el cambio es necesario, no somos seres estáticos. Permanentemente debemos adaptarnos al entorno.
  • Confianza en uno mismo, muchas veces esperamos que las soluciones vengan de “afuera”, del entorno, olvidando que cada uno es responsable de su propia existencia.
  • Instancias de introspección, reconociendo fortalezas y aspectos a mejorar.
  • Apelar al humor, poder tomar distancia de la situación difícil que se atraviesa y “reírnos” de nosotros mismos, nos genera una actitud optimista.
  • Identificar metas personales, e implementar planes de acción para la consecución de esos objetivos.

Es por eso que, no debemos olvidar que ser resilientes es una capacidad que podemos desarrollar, que de las adversidades podemos adquirir nuevas habilidades e iniciar un proceso de reconstrucción interna en vistas de resultar fortalecidos de dichas experiencias.

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