El día después de mañana

El especialista en análisis político, Gustavo Mendoza, hizo la autopsia del escenario político tras la renuncia del ministro de economía de la Nación.

Sin dudas la salida de Martín Guzmán del ministerio más importante de la gestión de Alberto Fernández a generado un nuevo movimiento de las piezas que integran el fracturado Frente de todos.

Desde la mirada de Gustavo Mendoza, la salida de Guzmán responde a la falta de consenso interno que evidencian la vicepresidente Cristina Fernández y el propio primer mandatario.

La crisis estructural que atraviesa nuestro país hace más de diez año y que no avizora soluciones próximas, se ve acelerada por la salida de uno de los últimos peones del presidente. Como cualquier movimiento de las figuras de gestión esta ha generado que la semana inicie con una corrida de precios del dólar y un crecimiento exponencial en los precios de muchos productos en nuestro país.

El paso al costado de Guzmán afecta directamente tambien a la imagen de Alberto Fernández, quien viene atravesando una estrepitosa caída en su popularidad desde hace mucho tiempo.

Cristina Fernández por su parte no ha dejado ni un solo momento fuera de la campaña electoral a la que se ha sumergido hace varios meses. Es claro que Cristina apela a ser una minoría intensa y molesta, separándose de su compañero de fórmula, quien no deja conforme ni a propios ni ajenos.

La pregunta sería, manifestó el politólogo, ¿hasta dónde le sirve a Cristina la separación política de Alberto?

La ex presidente se ha mostrado el último fin de semana extremadamente “peronizada” con un discurso dirigido directamente a las bases de los gobernadores peronistas. Pero desde la mirada de Mendoza ni a Cristina ni a Alberto, es decir al gobierno, no le va a alcanzar el combustible para llegar al 2023.

A esto hay que sumarle las divisiones dentro de Juntos por el cambio, la principal oposición, quien ante la posibilidad de un adelantamiento de elecciones se encuentran con sus propias divisiones y rispideces internas.

En el medio nuevamente quedan los más de 42 millones de argentinos que arrancaron la semana con mucha incertidumbre de cómo afectarían los tironeos de poder del oficialismo nacional en la economía doméstica.

Por último, Gustavo Mendoza cerró su diagnóstico forense deslizando algo que suena hace un tiempo y es que entre los meses de agosto y septiembre los problemas sociales llegarían a un punto de ebullición que provocaría que nadie del gobierno quedará bien parado.

Quizás una pista de quién va a ser el próximo presidente podamos encontrarla mirando a Buenos Aires, dado que como dice Mendoza, nuestro país hoy se caracteriza por tener una “política ambarizada” donde quienes tienen mayor oportunidad de sentarse en el sillón de Rivadavia son quienes juegan de local en la capital del país.

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